Caminar: una existencia decapada

¿Por qué salimos a andar al monte? Cada cual tiene sus razones, por supuesto, pero para muchos de los que amamos recorrer senderos, andar es necesario –más que útil-. Andar en medio de la naturaleza es irremplazable e ineludible, y sólo requiere de lo necesario:

 Caminar es vivir una existencia decapada (el barniz social se ha fundido), aligerada, libre de instrucciones sociales y purgada de lo fútil y de las máscaras.

Así lo describe Frédéric Gros, en su libro Andar, una filosofía que releo a la vuelta de una larga caminata que ha tenido sus momentos de placer, plenitud, alegría, satisfacción, serenidad, ligereza, libertad, confianza… las más variadas formas de felicidad; junto con, por supuesto, esfuerzo, cansancio y cierta inquietud cuando hemos perdido la pista a las marcas de señalización de la ruta, lo que también forma parte de la marcha y sin lo que no habría lo demás.

Irónicamente, es más probable que aprendamos sobre la vida silvestre por un documental de National Geographic que de pasear por la montaña. Generación tras generación, los seres humanos hemos ido transformando el ambiente natural, al que como cualquier otra especie pertenecemos, en un ambiente artificial del que nos cuesta apartarnos aunque sea sólo un fin de semana. Trastorno por Déficit de Naturaleza, lo llamó el periodista Richard Louv, en su libro “El último niño del bosque”. No, no es una enfermedad –por favor, otra más, no- pero el nombre tal vez no va desencaminado y haga falta salir unos días de ese paisaje urbano de escaparates, ruidos y prisas, para darnos cuenta de cuánto nos trastorna darle la espalda a la naturaleza.

Hay que sentarse lo menos posible: no creer en ningún pensamiento que no haya surgido al aire libre y estando nosotros en movimiento, en ningún pensamiento en cuya génesis no intervengan alegremente también los músculos. (…) La vida sedentaria constituye el auténtico pecado contra el espíritu. Friedrich Nietzsche

Para andar sólo hacen falta dos piernas, y para andar por la naturaleza y conectar con lo natural que hay en nosotros, simplemente hace falta salir al aire libre y prestar atención plena a nuestro cuerpo en movimiento, al festival de sensaciones que nos rodea y al efecto que nos produce intelectual y emocionalmente. Un acercamiento lento al paisaje externo e interno, paso a paso, eso sería un caminar mindful.

Salir a hacer senderismo en compañía y andar conversando y riendo, es una delicia. Dejar espacio en esas salidas para prestar atención en silencio a nuestro cuerpo y a lo que llega hasta nuestros sentidos intensifica el placer, la satisfacción y el sentido de nuestra marcha. Aquí va el tópico: pararse a ver pasar las nubes, oler el romero en flor o sentir en las yemas de los dedos la rugosidad del tronco de los alcornoques, es parte de una marcha mindful que va a aumentar los beneficios para nuestra mente y de nuestro cuerpo.

Es interesante observar el efecto que tiene andar prestando atención. En mi experiencia, van cambiando con la intensidad y el tiempo de la marcha. Cuando se inicia el camino y durante las primeras horas, las imágenes, sonidos y olores, las sensaciones en general, suelen evocar viejos recuerdos y traer nuevas ideas, y nuestra mente puede entrar en una actividad bulliciosa. Pero si seguimos caminando más tiempo, casi se olvida el cansancio físico y la concentración está en avanzar, sólo el siguiente paso es el que cuenta. Y es entonces cuando, muchas veces, aún se decapa más la existencia: si en la vida ordinaria vivir está ligado a una profesión, unos roles, un discurso, etc., la fatiga de andar en plena inmersión de la naturaleza decapa todo eso y solo queda la experiencia del instante presente en medio de un paisaje y atravesando un sendero.

A mis amigos y familia amantes de las Fallas, feliz Nit de la Cremà

y para todos, feliz semana.

¡Hasta el próximo domingo!

Collage “Decapada y sin cencerro”, Pepa PérezBlasco

4 Comments

  1. By Victoria Posted on 21 Marzo, 2017

    Coincido contigo plenamente, caminar es uno de los placeres de la vida, reconstituye, tranquiliza y te da la oportunidad de estar contigo misma un buen rato. Si esto lo aderezas con un buen paisaje, un Lorenzo majestuoso y una buena cuadrilla de amigas, la jornada no puede ser más perfecta.
    Enhorabuena por tu escrito, mágico como siempre. Un abrazo.

    • By Pepa Pérez Blasco Posted on 22 Marzo, 2017

      Muchas gracias, Victoria, por seguir el blog y por el comentarlo

  2. By Luz Marchite Posted on 31 Marzo, 2017

    Aprovecho la oportunidad que me da este blog para saludarte de nuevo soy Mari Luz de Tudela, y para transmitir toda la vitalidad alegría y ritmo en el cuerpo cuando practico caminata nórdica, me voy dando cuenta como cambia la expresión de mi cara cuando comienzo a caminar, sonriendo a la experiencia. Si el dia ha sido duro en el trabajo o hay alguna preocupación…es una actividad muy centrante, y es tan fácil volver , una y otra vez a las sensaciones de movimiento del cuerpo, de contacto con los bastones, y el contacto con el suelo… Estoy contenta, pues he plantado una semillita ahí en Valencia, he enseñado a mi hermana que vive allí y va por los Jardines del Turia practicando y avanzando en el movimiento consciente con bastones. Un abrazo

    • By Pepa Pérez Blasco Posted on 1 Abril, 2017

      Un saludo, Mari Luz, caminante de Tudela. Que sigas disfrutando paso a paso tanto como ahora o más. Gracias por seguir visitando el blog.

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