Comunicando

  • Beeep… Este es un sistema automático con el fin de facilitar su consulta (etcétera). Espere un momento, por favor. Beeep
  • Diga breve y de forma clara el motivo de su llamada… Beeep…
  • Quiero hablar con alguna operadora
  • Repita, por favor…
  • Que quiero hablar con alguna operadora
  • Lo siento, información no procesable
  • (¿¿¿¿¿?????)
  • Gracias por ponerse en contacto con Cajabank, donde las personas son lo más importante.

¿Hay algo más desesperante que interactuar con una máquina cuando lo que quieres es hablar con alguien? Sí, tal vez tener al interlocutor enfrente y que mientras hablas esté pendiente todo el tiempo de la pantalla de su teléfono móvil.  Cortar las frases del otro con impaciencia, o terminarlas , desviar el hilo de la conversación sacándola por la tangente, o que lluevan desde las alturas juicios y consejos no solicitados… ¿quien no lo ha sufrido? ¿quién no lo ha hecho?

Cuando nos escuchamos y hablamos con plena presencia, es decir, con curiosidad, sin juicio, sin tratar de arreglar o cambiar la experiencia del otro, con amabilidad… pueden suceder cosas muy interesantes porque se abre un espacio a la conexión, la intimidad y la profundidad en la comunicación, en el que, a veces en un breve espacio de tiempo, nos sentimos sentidos: nos sentimos oídos, vistos y comprendidos. Pero, la mayoría de nosotros tenemos mucho que aprender sobre esta habilidad.

En los cursos de comunicación consciente se suele practicar un ejercicio que consiste en dialogar en parejas sobre algún tema, por ejemplo: “Qué me hace sentir alegre”, (debe ser un tema “sorpresa”). Uno de los miembros de la pareja (A) habla mientras que el otro (B) escucha y, aunque puede asentir, sonreír y mostrar que está interesado, no puede interrumpir. Después de 90 segundos suena una campana y se hace una pausa en silencio para sentir el impacto de escuchar y hablar de esta manera. Luego se invierten los roles y quien escuchó (B) ahora habla y quien habló (A) ahora escucha, de nuevo durante 90 segundos. Vuelve a sonar la campana para hacer la pausa silenciosa. A continuación, ambos interlocutores vuelven a hablar durante unos minutos, esta vez sin normas, para compartir lo que han experimentado al hacer el ejercicio y preguntar o decir lo que quieran sobre lo que compartió su pareja.

En ese ejercicio es importante que el que está como oyente tenga en cuenta las instrucciones que recibe: 1-presta toda tu atención a la otra persona, 2-toma conciencia de tu cuerpo (respiración, pies, manos, etc.) de vez en cuando para ayudarte a estar presente y 3-cuando tu atención vague, tráela de vuelta para estar presente con la persona.
De igual manera, a quien está en el turno de hablar, se le dan las siguientes indicaciones: 1-h
abla con autenticidad sobre lo que es verdad para ti, 2-toma conciencia de tu cuerpo (respiración, pies, manos, etc.) de vez en cuando para ayudarte a estar presente, y 3- también de vez en cuando, di que te das cuenta de lo que estás diciendo (“soy consciente de estar diciendo tal cosa”).

A menudo hablamos por hablar movidos por la necesidad de llenar vacíos incómodos o decimos impulsivamente inconveniencias que ocasionan más daño que otra cosa. A veces hablamos sin preguntarnos si vale la pena decir algo.
Entonces -concluyó Sócrates- Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario… sepultémoslo en el olvido…
El habla consciente requiere pronunciar las palabras con un poco más de cuidado e intencionalidad. Algunos tenemos muchísimo que mejorar en esta habilidad que implica darse cuenta de lo que estamos diciendo y de lo que estamos a punto de decir, de lo que estamos omitiendo, de si es verdad, sirve para algo bueno y constructivo y si es necesario: implica conciencia y también ética, honestidad, coherencia, congruencia, autenticidad…
En mi relación con las personas he aprendido que, en definitiva, no me resulta beneficioso comportarme como si yo fuera distinto de lo que soy- Carl Rogers

Si nos preguntan qué es lo que más valoramos en nuestras relaciones, muchos diremos que la honestidad. Y no por razones moralistas, sino porque muchos pensamos que la honestidad, la voluntad de decir la verdad (¡ojo! no La Verdad, que a saber qué es eso) es la clave para la confianza y la comprensión, que a su vez, son la base de la comunicación sana. La voluntad de sustentar nuestras relaciones en la verdad: que si quiero decir “no” digo “no” y no digo “sí”o viceversa; digo “sí” o “no” sin disimulo ni adulteración. La honestidad que valoramos y esperamos en nuestras relaciones no consiste en hacer explícito todo lo que se hace, se piensa, siente o necesita, (para eso están los tres filtros de Sócrates) sino en la voluntad de no sacar provecho personal a costa de omitir información o manipular la que se comparte.

Termino esta entrada con el comienzo del relato “Entre Detroit y Nueva York”, publicado en 1928 en el Vanity Fair. Como en todo lo que escribió Dorothy Parker, hay una denuncia cáustica y lúcida a la hipocresía social de su época y las trampas retorcidas de la comunicación, de una inteligencia y de una vigencia pasmosas. Cuesta elegir un relato entre tantos suyos, tan brillantes todos, sobre el mismo tema: lo que decimos, lo que comunicamos en lo que callamos, lo que oímos, lo que escuchamos de entre lo que oímos, lo que no queremos oír aunque lo oigamos… y las patéticas consecuencias de una comunicación inconsciente.

  • Detroit  al habla- dijo la telefonista.
  • ¿Oiga? – dijo la muchacha en Nueva York.
  • ¿Diga – respondió el joven en Detroit.
  • ¡Oh, Jack! Oh, cariño, es tan maravilloso escucharte. No sabes cuánto …
  • ¿Diga?
  • Ah, ¿no puedes oírme?  Pero si te oigo como si estuvieras a mi lado… ¿Es mejor así, cariño? ¿Me oyes ahora?
  • ¿Con quién quiere hablar?
  • ¡Contigo, Jack! Contigo, contigo, soy Jean, cariño, ¡Oh, por favor trata de oírme. Soy Jean.
  • ¿Quién?
  • Jean. Ah!, ¿no reconoces mi voz?, soy Jean, cariño, Jean.
  • ¡Oh, hola! -dijo-. Vaya, ¡qué sorpresa! ¿Cómo estás?”
  • Estoy bien… Oh, no, cariño, estoy mal. Es terrible, no puedo soportarlo más… ¿No vas a volver?, ¿por favor, dime cuándo volverás? … No sabes lo mal que me siento sin ti. Ha pasado tanto tiempo, cariño… Dijiste que serían sólo cuatro o cinco días, ya van casi tres semanas que parecen años y años. ¡Oh, ha sido tan horrible, vida mía, tan…
  • Oye, lo siento muchísimo, pero no puedo oír nada de lo que estás diciendo. ¿No puedes hablar más alto?
  • Lo intentaré, lo intentaré. Es mejor así? ¿Ahora puedes oírme?
  • Sí, ahora te oigo, pero poco. No hables tan rápido, ¿quieres? ¿Qué has dicho antes?
  • He dicho que es horrible estar sin ti. Es un tiempo tan largo, cariño, y no he tenido noticias tuyas … Yo … oh, casi me vuelvo loca, Jack … Ni una postal, querido ni …

¡Feliz domingo! ¡Felices vacaciones de Pascua! Nos reencontramos dentro de tres semanas.

Collage Comunicando, Pepa PérezBlasco

2 Comments

  1. By Elena Cucala Posted on 11 Abril, 2017

    Fantástico post Pepa, una vez más enhorabuena. La reflexión sobre cómo es nuestra escucha y la toma de conciencia para transformarla en escucha consciente me parece un tema apasionante y fundamental. Gracias por sintetizarlo con tanta magia. Felices Pascuas!!

    • By Pepa Pérez Blasco Posted on 13 Abril, 2017

      Muchas gracias, Elena. Un abrazo

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