Cruciales minudencias cotidianas

Sabiduría es saber cuándo hay que hacer la vista gorda. Esa frase la oí hace tiempo a una mujer muy sabia. Desde entonces la recuerdo cada vez que alguien dice o hace -o no dice o no hace-, algo que me genera de inmediato un malestar porque lo veo injusto o simplemente inapropiado. Cuando le doy la vuelta a la frase, también me gusta: sabiduria es saber cuándo no hay que hacer la vista gorda. Así que, sabiduría es, creo, saber cuándo hacer la vista gorda y cuando no; implica discernimiento, coraje y paciencia. ¡Casi nada!

Entre vuelta y vuelta con este tema, me llega este mensaje desde una red social: “Aplica esto a lo que quieras (cosas, actividades, relaciones…): ¿lo necesito? ¿me hace feliz?”:

Si integro las respuestas de ambas preguntas, el resultado son cuatro posibilidades: 1. hay cosas, relaciones actividades que necesito y me hacen feliz

2- cosas, relaciones y actividades que necesariamente tienen que estar presentes en mi vida aunque no me hacen feliz

3- cosas, relaciones y actividades que sé que no son necesarias para mi pero que me hacen feliz

y 4- y cosas, relaciones y actividades que ni necesito ni me hacen feliz.

¿Qué hacer después de pasar el filtro? Por lógica, si algo en nuestra vida ha de estar sí o sí y además, nos hace feliz: agradezcámoslo. Si algo no nos hace feliz, es más, nos disgusta, pero es inevitable y por necesidad ha de estar en nuestra vida, aceptémoslo. Si algo está disponible en nuestra vida y nos hace felices, aunque no sea necesario, disfrutémoslo. Finalmente, está claro lo que hay que hacer con las actividades, cosas y personas que no aportan en nuestra vida nada que valga la pena y contribuya a nuestra felicidad.

Como punto de partida no está mal. Pero, es demasiado simple si queremos ir más allá de decisiones utilitaristas ramplonas. Las decisiones importantes no son tan fáciles -por eso son tan interesantes- y el análisis admite más preguntas: ¿qué tipo de felicidad: la que deriva de un placer inmediato o la que me hace sentir bien conmigo misma aunque no me de placer? ¿felicidad a corto plazo a largo plazo? ¿felicidad de acuerdo con un criterio propio y acorde con mis valores o introyectando criterios y valores ajenos? ¿qué efecto tiene en los demás? ¿qué precio tiene para mí y qué precio tiene para los demás? ¿estoy dispuesta a pagarlo? Necesario, inevitable…¿hasta qué punto? ¿para qué? ¿? ¿? ¿?…

En los grandes cambios de vida, en el comienzo y el final de etapas, en las transiciones… la importancia de las decisiones es crucial y angustiosamente evidente. La psicología de corte existencialista tiene un gran legado de estrategias que ayudan a tomar decisiones con coraje y siguiendo una línea propia e incide en la importancia de no pasar por alto el impacto que tienen en nosotros mismos y los demás. Vivir en piloto automático, vivir inconscientemente, no permite que nos cuestionamos el sentido y la relevancia que tienen esas aparentes -sólo aparentes- minudencias cotidianas: la actitud con la que saludamos, escuchamos, preguntamos a los otros; cómo, cuándo y cuánto comemos y descansamos; la atención y el amor que ponemos en el trabajo y en el ocio. Porque no es lo mismo, y lo sabemos, que haya atención plena y afecto o no lo haya, en un saludo, en la forma en que cuidamos de nuestras necesidades básicas o en cómo trabajamos, nos divertimos y descansamos.

Muchas veces tomamos decisiones a costa de los demás, y otras, a costa de nosotros mismos. Comportarse con asertividad no es fácil. Para empezar, hace falta autoconciencia (saber lo que yo necesito, lo que yo opino, lo que yo siento) y también empatía y conciencia del otro (saber lo que esa persona, dadas sus características y circunstancias, necesita, opina y siente). Por si eso no bastante, hace falta respeto y sensibilidad hacia las dos partes; hace falta coraje, confianza y paciencia para buscar la forma de defender los intereses, derechos y postura propios sin lesionar los del otro; hace falta inteligencia, creatividad y bondad. La asertividad implica asumir el desafío de buscar formas no violentas de relación en las que se dé con formas nuevas de resolver conflictos, a ser posible de evitarlos, y aún mejor, de buscar el beneficio de todas las partes implicadas desde una perspectiva amplia y a largo término.

No calculamos lo suficiente el efecto que tiene en uno mismo, en el otro, en los sistemas en los que estamos insertos a corto, medio y largo plazo, la forma en que nos relacionamos. Olvidamos a menudo que somos responsables de lo que hacemos y decimos, y también de lo que no hacemos y no decimos, porque la inhibición de una respuesta ante una injusticia pesa casi tanto como ser su autor directo. Es difícil, realmente difícil, tomar decisiones en las cuestiones aparentemente nimias: cerrar los ojos y hacer la vista gorda, o agudizarla y hacerla felina.

Causas y efectos. Potencia y acto… si me descuido llego hasta Aristóteles. Así que, mejor, me voy a ir por las ramas que dibuja este poema de Oscar Hanh. Me suena más suave. Y esta entrada es una llamada a la suavidad y a la firmeza, todo al mismo tiempo. Con él me despido hasta el próximo domingo.

Ese árbol
tiene un violín adentro

No fue tallado aún pero está adentro

Espera el día de la resurrección
árbol adentro

Dijo el señor Stradivarius:

Tengo que rescatar a ese violín
tengo que quitarle la corteza que lo aprisiona
y verlo respirar al aire libre

Tengo que oírlo cantar para mí

Ese violín
tiene un árbol adentro
tiene flores que escuchan la música callada

Tiene pájaros.

¡Feliz semana!

Poema Violín, de Oscar Hanh, en Poemas de la era nuclear (antología 1916-2008). Ed Bartleby, 2008

2 Comments

  1. By Marisa Posted on 27 Junio, 2017

    Ay……. ,!!! Será que la vida es tan fácil como difícil …?
    Un abrazo y feliz semana Pepa

    • By Pepa Pérez Blasco Posted on 2 Julio, 2017

      Ah, que será, que será… Un beso, Marisa. Con algo de retraso te respondo, sabrás disculpar

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