¿Que quién soy yo? Agárreme que me caigo

En una fiesta en Long Island, parecía un aristócrata del partido republicano cuando hablaba con gente de la alta sociedad.  Pero, cuando hablaba con los criados, lo hacía como un demócrata y su acento se hacía diferente, lo que le hacía parecer uno de ellos. El titular de un periódico informó acerca de un jugador de beisbol impostor; se trataba de Zelig. Apareció transformado como un negro trompetista en una ocasión, sentado con unos gánsters, con el mismo aspecto de ellos en otra, y también, con apariencia de oriental, se le fotografió recostado junto a un grupo de chinos en un fumadero de opio. Cuando lo ingresaron en el hospital, Zelig se mimetizó con los psiquiatras que le trataban.

Nos deformamos para no ser excluidos. En eso, Leonard Zelig era excepcional. Todas las puertas se abrían ante él por su capacidad para adoptar la forma de hablar, los valores, la personalidad… y hasta el físico de la gente con la que estaba. Asombró y desafió a la comunidad científica y atrajo el interés público por su extraordinaria capacidad para, mutando, caer bien y ser aceptado. En la Norteamérica de los años 30, fue muy popular: fue objeto de portadas de prensa, debates científicos, una canción… Cole Porter estaba fascinado con él, incluso escribió en una canción  «Eres lo mejor, eres Leonard Zelig». Pero entonces no pudo encontrar nada que rimase con Zelig.

Maravilla de película, “Zelig” (Woody Allen,1983), este falso documental de elegante humor sigue dando lecciones de Psicología 34 años después de su estreno: el precio de ser aceptado por todos es… no ser nadie. La historia de un fenómeno mediático… sin esencia ni vida propia.

Que Zelig pudiera ser responsable del comportamiento de cada una de las personalidades que asumió ha significado decenas de demandas. Ha sido demandado por bigamia, adulterio, accidentes automovilísticos, plagio, daños en el hogar, negligencia, daños a la propiedad, y realizar extracciones dentales innecesarias.

Para que los otros nos hagan un sitio y nos den aprecio, a veces ocultamos nuestra vulnerabilidad, nuestra ignorancia y nuestros fallos. Otras, ocultamos nuestra fortaleza, nuestro conocimiento, nuestros  aciertos. Otras, en fin, adoptamos actitudes y comportamientos que no se originan en nuestros verdaderos puntos de vista y necesidades sino en lo que anticipamos que va a ser más valorado por los otros. En cualquier caso, ese falseamiento es una violencia que deriva del auto-rechazo, o al menos, del rechazo a aspectos de nosotros mismos. Olvidamos que podemos reponernos del rechazo de cualquiera… salvo del que nos infligimos nosotros mismos.

Dra. Fletcher: Bueno, ahora dígame por qué asume las características de las personas con las que usted se encuentra.
Zelig: Es… para protegerme

Dra. Fletcher: ¿A qué se refiere? ¿Qué quiere decir con protegerse?
Zelig: Protegerse. Ser… ser igual a los demás.
Dra. Fletcher: Hum… quiere…quiere sentirse protegido.
Zelig: Quiero gustar.

Dra. Fletcher.: Ajá

Practicar mindfulness tiene, entre otros efectos beneficiosos, el de mejorar el conocimiento, el respeto, la amabilidad y la compasión hacia uno mismo, como han demostrado las investigaciones. Como se sabe, mindfulness, es una cualidad que todos tenemos y que se puede desarrollar con la práctica, que consiste en observar con atención lo que está teniendo lugar a nuestro alrededor y en nuestro mundo interno con una actitud curiosa, amable y abierta, y en volver a concentrarnos en lo que estamos haciendo en cuando nos damos cuenta de que nos hemos distraído.

La motivación para practicar mindfulness parece cambiar con la experiencia.  Se suele empezar a practicar para aprender a autogestionar las emociones. particularmente el estrés, y aprender a relacionarnos con nuestros pensamientos con más perspectiva. Después de esta motivación inicial, se observa un interés por la autoexploración personal, y, como fin último, por el desarrollo de estados mentales y de cualidades -la compasión, el altruismo, la ecuanimidad- que contribuyen a nuestro bienestar y el de los demás. Se trata de observar con precisión, pero sin dureza sino con una atención acogedora, respetuosa y compasiva todo aquello que atraviesa nuestro campo de conciencia… también cuando nos centramos en lo que pensamos, sentimos y hacemos. Sólo con ese tipo de atención, sólo aceptando lo que observamos –cuando acertamos y cuando erramos-, podemos transformar hábitos para encaminar nuestro desarrollo en la dirección de una vida plena que tenga un sentido personal y no al dictado de los demás.

Dra. Fletcher: ¿quién eres?
Zelig: ¿quién soy? Qué difícil…
Dra. Fletcher: ¿Eres Leonard Zelig?
Zelig: Sí, definitivamente. ¿Quién es él?
Dra. Fletcher: Tú
Zelig: No, no soy nadie. No soy nada. Yo…. Agárreme, me caigo…

Se trata, como dice Begoña Abad, de “vivir con amor nuestra divina insignificancia”. Con un poema suyo me despido hasta el próximo domingo.

Este empeño mío
de nacer cada mañana,
me costará caro.
El mundo no soporta,
así como así,
que alguien se resista
a unirse a los adultos,
a los que saben más,
a los que dirigen mejor,
a los que “crecen”,
a los que medran,
a los que pueden.
No soporta
a alguien que se resista
a esa especie de muerte
que ellos llaman vida.

¡Feliz semana!

Poema de Begoña Abad en La medida de mi madre. Ed. Olifante 208

Collage ¿Quien soy yo? Agárame que me caigo, Pepa PérezBlasco

2 Comments

  1. By Elena Cucala Posted on 23 Julio, 2017

    Magnifico post. Lo leo en un momento en el que me resulta el mejor de los regalos. Gracias y gracias

    • By Pepa Pérez Blasco Posted on 30 Julio, 2017

      Gracias a ti por hacérmelo saber. Que estés presente, es otro regalo, Elena. Hasta pronto.

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