Tocar, besar, abrazar

Siempre que me siento pesimista por cómo está el mundo pienso en la puerta de llegadas del aeropuerto de Heathrow. La opinión general da a entender que vivimos en un mundo de odio y egoísmo, pero yo no lo entiendo así. A mí me parece que el amor está en todas partes. A menudo no es especialmente decoroso ni tiene interés periodístico, pero siempre está ahí. Padres e hijos, madres e hijas, maridos y esposas, novios, novias, viejos amigos… Cuando los aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas que yo sepa ninguna de las llamadas telefónicas de los que estaban a bordo fue de odio y venganza; todas fueron mensajes de amor. Si lo buscáis, tengo la extraña sensación de que descubriréis que el amor en realidad está en todas partes. Love Actuallly.

Un beso, decía Ingrid Bergman, es un precioso truco diseñado por la naturaleza para acallar las palabras cuando estas se vuelven superfluas. Y, efectivamente, en nuestros mejores momentos con alguien, intuitivamente nos acercamos y usamos el tacto para borrar la distancia con el otro, de la misma manera que intuitivamente buscamos esa cercanía y ese contacto para consolar y reparar lo que se haya podido dañar ya sea una rodilla infantil raspada, el corazón roto de una amiga o el temor de alguien ante el diagnóstico de una enfermedad.

Al revisar los resultados de las investigaciones que estudian los efectos del contacto físico-afectivo en la salud y el bienestar,  me pregunto cómo no estamos abrazándonos, acariciándonos y besándonos con la gente que queremos todo el tiempo que es posible.

Que nos tomen de la mano puede ser un “te quiero” o simplemente un “me importas, estoy a tu lado” no verbal que de alguna manera hace que todo esté bien, o, que si no está bien, lo mejore. Eso parece desprenderse de una investigación (1) en la que se usó IRMf (imagen por resonancia magnética funcional) con un grupo de mujeres a las que se les daba las instrucciones de prepararse para recibir una pequeña descarga eléctrica (que no tenía lugar realmente). Un subgrupo de mujeres tomaba de la mano a su pareja mientras esperaba la descarga, otro subgrupo tomaba de la mano a uno de los investigadores, y a las del tercer subgrupo nadie les tomaba de la mano. Se constató una significativa disminución de la actividad en las áreas de amenaza/respuesta al estrés cuando las mujeres tomaban de la mano a su pareja (sobre todo si su relación era satisfactoria). En el segundo grupo, el de las que daban la mano a un desconocido, también había menos respuesta al estrés anticipado que en el tercer grupo, las que esperaban la descarga sin dar la mano a nadie, pero mucho menos intensa que en el primero.

Podemos transmitir afecto en contactos brevísimos. En cuestión de segundos. Eso es lo que se pudo demostrar otro sorprendente estudio de la Universidad de Berkeley (2), en el que se separó a un grupo de personas por una barrera a través de la cuál una de ellas pasaba el brazo por una abertura y otra era instruida para transmitir varias emociones usando tan sólo el roce de la piel durante un segundo en el brazo del desconocido. Quienes recibieron el toque, identificaron correctamente el tacto compasivo el 60% de las veces, lo cual es mucho, teniendo en cuenta que las probabilidades de adivinarlo al azar calculadas eran del 8%. Un segundo. Increíble.

Más sorprendente que esas investigaciones es un suceso que aunque es muy conocido, quiero recordar. Las gemelas que protagonizaron tienen ya 22 años. Kyrie y Brielle nacieron prematuras y necesitando cuidados especiales. El protocolo médico de EEUU donde nacieron exigía entonces que ambas fueran colocadas en incubadoras separadas para evitar la posibilidad de infecciones. Mientras que Kyrie evolucionaba perfectamente, su hermana empezó a presentar problemas: no subía de peso y su nivel de oxígeno era bajo por problemas de respiración. Se estaba haciendo todo lo posible para salvar a la pequeña, pero cada vez había menos esperanzas. Fue entonces cuando una de las enfermeras pidió permiso a los padres para colocar a ambas niñas en la misma incubadora -una práctica habitual en algunos hospitales de Europa-. Al poco tiempo de poner en contacto sus diminutos cuerpos, el corazón de Brielle empezó a latir con un ritmo más estable, los niveles de oxígeno en sangre subieron y aumentó su temperatura hasta normalizarse. Las fotografías de Kyrie rodeando con su brazo los hombros de su hermana en la incubadora, han dado la vuelta al mundo y son un claro ejemplo de lo mucho que puede hacer el contacto físico con otro ser humano. El “abrazo del rescate”, lo llamó la CNN, con todo acierto.

Es encantador ver a la gente tocar, besar y abrazar a quien ama. Las puertas de llegada de los aeropuertos son un lugar ideal para eso. También las bodas. Escribo esta entrada unas horas antes de asistir a una de esas en las que sé que voy a estar encantada. La escribo pensando en la familia, amigos y, sobre todo en los novios, con mis mejores deseos de felicidad para hoy y para siempre.

Me despido hasta el próximo domingo con una magnífica versión de Cheek to cheek.

¡Feliz semana!

Artículos citados: 1- Coan, J. A., Schaefer, H. S., & Davidson, R. J. (2006). Lending a hand: Social regulation of the neural response to threat. Psychological science, 17(12), 1032-1039. 2- Hertenstein, M. J., Keltner, D., App, B., Bulleit, B. A., & Jaskolka, A. R. (2006). Touch communicates distinct emotions. Emotion, 6(3), 528.

Collage Cielo, estoy en el cielo, Pepa PérezBlasco

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