Veranos que vencen inviernos

Niños jugando encima de escombros, una pareja mayor que camina del brazo entre edificios en ruinas, otra pareja joven que se deja fotografiar, ella vestida con su traje de novia, él, con su uniforme militar… y un  hombre oyendo música en un tocadiscos entre muebles destrozados, en una habitación de paredes destrozadas, ante una ventana desde la que se ven los destrozos de la calle, de una ciudad y de un país destrozados.

Son “Los que se quedan”. Los que no pueden migrar de países en conflicto como Siria. Son imágenes del Festival Internacional de Fotoperiodismo y fotografía documental (PhotOn Festival) expuestas en el Claustro de la Universidad, que este año nos acerca a la vida de aquellos que ni siquiera pueden permitirse huir de una guerra que no tiene fin. Impresiona ver, que en medio de la barbarie, todavía hay un impulso hacia el juego, el amor, la música…

La vida exige siempre empezar a vivirla. – Caballero Bonald

No sólo los humanos, sino los pueblos, las naciones, el mundo tiene un verano invencible dentro que puede acabar con cualquier invierno si le damos la oportunidad y asumimos el riesgo, dice Isabel Allende en una entrevista publicada esta semana en un periódico nacional. La popular escritora chilena anda de gira promocionando su último libro, una novela que trata de la capacidad humana de resistir la adversidad, de reinventarse arriesgando y de mantener el compromiso y el amor a la vida; habla de resiliencia y del coraje y del amor al vivir.

La resiliencia se suele representar con la imagen de una planta surgiendo desde la grieta de un terreno árido. En Psicología se define como la capacidad de resistir la adversidad e incluso de salir fortalecido de su afrontamiento. En la resiliencia hay mucho de coraje, de compromiso y respeto con uno mismo, de persistencia, de confianza y amor por la vida. Y también hay dolor: la resiliencia no es ausencia de dolor. De hecho, sólo hay resiliencia cuando se “metamorfosea” el dolor y se le dota de sentido, cuando se pasa del ¿por qué? (¿por qué a mi?, ¿por qué pasan estas cosas?) al ¿para qué? (¿qué puedo aprender de esto?, ¿cómo puedo aprovechar esta experiencia en beneficio mío y ajeno?). Encontrar sentido a las experiencias dolorosas no es en modo alguno justificarlas. Es, ante todo , hacerlas significativas con vistas al futuro. Es una cuestión bastante pragmática: que cada cual arme el material de su vida en una narrativa coherente que le permita proyectarse al futuro y seguir conectado a la vida, disfrutando de ella cuanto sea posible.

“He cerrado capítulo”, “Empiezo página”… La vida se representa a menudo como una obra literaria que cada cual va escribiendo como puede sobre un papel que viene en gran medida pautado y no siempre a nuestro gusto. ¿Por qué escribir?, ¿para qué seguir escribiendo?, ¿por quien escribo? ¿qué quiero escribir? Enlazo la metáfora con este poema:

¿Por qué escribe usted?
Porque el fantasma porque ayer porque hoy:
porque mañana porque sí porque no
Porque el principio porque la bestia porque el fin:
porque la bomba porque el medio porque el jardín

Porque Góngora porque la tierra porque el sol:
porque San Juan porque la luna porque Rimbaud
Porque el claro porque la sangre porque el papel:
porque la carne porque la tinta porque la piel

Porque la noche porque me odio porque la luz:
porque el infierno porque el cielo porque tú
Porque casi porque nada porque la sed

porque el amor porque el grito porque no sé
Porque la muerte porque apenas porque más
porque algún día porque todos porque quizás

Más allá del invierno es el título de la novela de Isabel Allende. Viene de una frase de otro libro, El verano, de Albert Camus. Concretamente, del siguiente párrafo. Con él me despido hasta el próximo domingo:

Pero para impedir que la justicia, hermoso fruto naranja que no contiene más que una pulpa amarga y seca, se agoste, volvía a descubrir en Tipasa que había que guardar intactas dentro de uno mismo una frescura, una fuente de alegría; amar el día que escapa a la injusticia y volver al combate con esa luz conquistada. Volvía a encontrar allí la antigua belleza, un cielo joven, y ponderaba mi suerte, comprendiendo por fin que en los peores años de nuestra locura el recuerdo de este cielo no me había abandonado nunca. Era él quien, para concluir, me había impedido perder la esperanza. Yo había sabido siempre que las ruinas de Tipasa eran más jóvenes que nuestras obras en construcción o nuestros escombros. El mundo empezaba allí cada día con una luz siempre nueva. ¡Oh, luz!, ese es el grito de todos los personajes enfrentados, en el drama antiguo, a su destino. Ese último recurso era también el nuestro y ahora yo lo sabía. En mitad del invierno aprendía por fin que había en mí un verano invencible. – Albert Camus

 ¡Feliz y luminosa semana!
Poemas de la era nuclear (Antología 1961-2008) de Oscar Hanh. Ed. Bartbely
Entrevista a Isabel Allende por Luz Sánchez-Mellado, EL PAÍS, Cultura, 6 de junio, 2017

José Manuel Caballero Bonald: regresos a Argónida en 33 entrevistas. Ed. Prensas Universitarias de Zaragoza, 2012

El Verano, de Alber Camus, Ed. Alianza, 1996
Exposición Los que se quedan.  Joseph Eid y Natalia Sancha Photon Festival. Centre Cultural La Nau, Universitat de València
Collage ReconstrucciónUn verano invencible Pepa PérezBlasco

4 Comments

  1. By Melisa Posted on 11 Junio, 2017

    Hermoso, Pepa.
    Esta ha sido una semana movidita y a lo largo de ella mantuve esa última frase de Camus en mi mente.
    Siempre es un placer coincidir con vos..
    Abrazo!

    • By Pepa Pérez Blasco Posted on 12 Junio, 2017

      Gracias, Melisa. Espero que el movimiento lleve a buen destino. Seguro que la frase de Camus mantiene el Norte. Otro abrazo para ti.

  2. By Victoria Vivancos Posted on 12 Junio, 2017

    Fantástico y conmovedor el post de esta semana Pepa. Un saludo

    • By Pepa Pérez Blasco Posted on 12 Junio, 2017

      Me alegra que lo veas así, Victoria. Muchas gracias! Saludos.

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